Desde que empezó esto del mundo de los blogs, tuve la intención de escribir sobre algo. No lo sé, quería tener un lugar para poder expresarme, tener un pequeño trozo de la red para montar mi mundo, a mi manera, pieza a pieza, y exponerlo en un blog era una solución.
Ayer por la noche quise empezar el proyecto. Ni la primera gala de Operación Triunfo, ni la final individual de Fama ¡a bailar! pudieron detener mi cometido. Me senté en la terraza de casa, con una copa de whisky en la mano derecha, que dejé sobre la mesa para poder coger la pluma, y me dejé empapar por los ruidos que inundan la ciudad de noche:
Parar el tiempo para estar junto a ti
Sobrevolar el mar, calmar tu sed
Encontrarte, por fin
Acurrucada entre las sábanas
De la habitación 204, un hotel de
Carretera perdido en la madrugada
¿Que les parece? ¿Es bueno eh?
A mi me parece una mierda.
Porque como siempre, yo fui aquél que llegó tarde a esto de las modas. Nunca acabé de entender de donde salían esos párrafos y estrofas que hablan de intenciones frustradas y miradas perdidas, de largos ratos en cafés y estremecimientos en la orilla. Quizás no hay que entenderlos... yo diría que no significan nada. Pero como nunca se me ha dado bien eso de escribir bonito y sin sentido ya que me hace sentir gilipollas prefiero dedicarme a algo que siempre me ha interesado más.
Y es que no hay nada que admire más que aquella capacidad que tienen algunas personas para descubrir el sentido del humor allí donde no lo había. Los que saben clavar su ojo avizor en las miserias, en la estupidez, en las incongruencias y en todo aquello más deplorable que debería ser evitado y que en circunstancias normales harían surgir enfado, indignación, humillación y conflicto. Los que saben resaltar todo aquello con suma gracia para que con una media sonrisa o carcajada entera puedas darte cuenta de que nada tiene verdaderamente tanta la importancia. Entonces, gracias a aquellos que gozan de esa cualidad te das cuenta de que lo mejor que puedes hacer es reír.
¿Cómo lo llamaban?
¡Ah sí! Ironía.
Amén. Espero que este blog tenga una vida larga y fructífera para descojono de los que gozamos con la ironía (Al final no somos tantos).