Hace unos días, mientras miraba la tele (sí, miro la tele, que ser alternativo cansa mucho) y mientras alucinaba pepinillos descubriendo el asombroso poder químico de los productos que hacen que salgan diamantes tallados de por lo menos 15 quilates de tu lavavajillas y realizaba mi máster acelerado en nutrición, calorías y aportes vitamínicos de la margarina, entre otros, descubrí algo que me sorprendió más que un giro argumental de una novela de Dan Brown.
Fue algo así como un largometraje que duró una eternidad televisiva: 1 minuto.
No pude quitar ojo de la pantalla, la música se me metió en las venas, las imágenes se sucedían una tras otra, cada encuadre más moderno que el anterior, las maniquíes hieráticas me obnubilaron, el playback perfectamente sincronizado remarcando cada una de las sucesivas afirmaciones en el inglés más cool, todo es inconexo, las voces remezcladas, la sofisticación elevada a la máxima potencia, movimientos robóticos, un caballo rosa, la extravagancia y el estilo llegan llegan en meteorito, la música enfatiza cada detalle, el glamour ha aterrizado señores y yo he sucumbido a sus encantos.
La frivolidad me puede, el marketing es goloso, se me derriten los ojos ante tal despliegue de medios, quiero que me vendan el oro y el moro. Juro por las capacidades actorales de Tom Hanks que no miento.
De repente recordé lo que es un buen anuncio, la publicidad me volvió a enamorar. Alguien rompió el tedio, y sea lo que sea se agradece. Pero tranquilos, que después todo volvió a la normalidad con un inenarrable spot en clave musical tan gracioso como una frase llena de fonemas fricativos dicha por Mariano Rajoy, que acabó resultando ser de una compañía de seguros
¿Tanto cuesta entender que hay una fina línea que marca una gran diferencia entre llamar la atención y provocar vergüenza ajena?
Me pregunté como podía ser que alguien decidiera que vale la pena hacer algo, que aunque pueda gustar o no, esté hecho con calidad. La magia de vender emociones sin importar el objeto anunciado. Por primera vez tuve verdaderas ganas de permanecer atento hasta el final para saber qué marca era responsable de invertir en imagen. ¿Qué táctica de marketing es esa de hacer las cosas bien, para que el único atractivo sea el de algo bien hecho?
¡Ah! luego lo entendí. El truco esta en anunciar prendas de Hennes & Mauritz (diseñada por Mengano Williamson) y vender trapos de Hortera & Moderno.
Vale, me da igual que me digan que mi blogroll empieza a ser demasiado largo, tengo que enlazaros.
gracias por el coment, esta claro que no y que yo soy como el planificacion familiar en mi familia jaja solo que sin pastillas y esas cosas :) un beso
YYYYYY que te puedo decir, la frivolidad de vez en cuando es absolutamente necesaria... u.u
Eu achei tudo muito bom!
Pena que não temos H&M no Brasil! :(
Abraços
"he sucumbido a sus encantos"
Pseeee tampoco ha sido para tanto.
jajajaja... Buenísimo. Muy bueno. Muy buenísimo (estoy augmentando un superlativo, imagínate).
Gracias por pasarte. No conocía tu blog.
Saludos!!!